El Altar de los Ángeles de la Guarda fue erigido en el año 1723, financiado gracias a las contribuciones del padre jesuita Jožef Wiviz y del campanero Gašper Franchi. Las esculturas de los arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel, junto con dos ángeles arrodillados, fueron talladas por Francesco Robba – siendo esta su primera obra documentada en la iglesia jesuita.
La imagen central del retablo, que representa al Ángel de la Guarda, fue pintada por Bartolomeo Liberi en 1732, mientras que en la mesa del altar (mensa) se encuentra una pintura del Inmaculado Corazón de María, obra de Josef Plank, fechada en 1860.
Este altar tenía un significado especial para los alumnos jesuitas, pues era un lugar de devoción y de confianza en la protección de los santos ángeles.
El Altar de los Ángeles de la Guarda fue erigido entre el 22 de junio y el 30 de julio de 1723. Los gastos de su construcción, que ascendieron a 1.500 florines de oro, fueron cubiertos por el padre jesuita Jožef Wiviz y el campanero Gašper Franchi. El altar fue concebido como pareja del Altar de San José y se cuenta entre los altares barrocos más representativos de la iglesia. Su forma responde al estilo artístico veneciano que, a mediados del siglo XVIII, influyó notablemente en el arte sacro de Liubliana.
Sobre la mesa convexa del altar (mensa), sostenida por balaustres, se alza una estructura arquitectónica de diseño dinámico. En el primer plano, sobre bases onduladas, se erigen dos columnas salomónicas que acentúan la profundidad espacial. Junto a ellas se encuentran las esculturas de los arcángeles Gabriel (a la izquierda) y Rafael (a la derecha). La composición escultórica se completa con dos ángeles arrodillados en el ático y un relieve del arcángel Miguel, que con espada y balanza vence a Satanás en el momento decisivo del juicio. Todas estas esculturas fueron talladas en 1723 por Francesco Robba, lo que convierte a este altar en su primera obra conocida dentro de la iglesia jesuita de Liubliana. Las figuras de Robba revelan ya un estilo impregnado de equilibrio clásico, enmarcado aún en la vivacidad expresiva del barroco.
En el centro del altar cuelga la pintura del Ángel de la Guarda, realizada en 1732 por Bartolomeo Liberi, pintor de la escuela veneciana. Su representación, rica en colorido y armonía lumínica, prolonga el relato escultórico con ternura e interioridad espiritual. Sobre la mensa se añadió una pintura del Corazón de María, obra de Josef Plank del año 1860, y debajo de la mensa se encuentra una cartela con relieve de la Virgen María, rodeada de cabezas de ángeles, probablemente obra de un aprendiz del taller de Robba.
El altar expresa con claridad la iconografía postridentina y el significado teológico de los tres arcángeles:
- Gabriel, el mensajero de Dios, suele representarse con un lirio;
- Rafael, guía de caminos y sanador, aparece aquí con bastón de peregrino y un pez;
- Miguel, vencedor del mal, es el protector de las almas y el caballero del ejército celestial.
Su imagen combatiendo a Lucifer cobró especial fuerza en tiempos de renovada identidad católica.
Los ángeles de la guarda tenían una importancia particular en la escuela jesuita, siendo los patronos del segundo curso (los llamados principisti). Antes de la instalación de este altar, su fiesta se celebraba solemnemente en el altar mayor; sin embargo, desde su consagración, este altar barroco animado se convirtió en el espacio central para expresar la confianza en la protección angélica, donde se entrelazan la grandeza artística y el consuelo espiritual.
Esta entrada está disponible también en DE, EN, FR, SI, IT, PL y SI.