El Altar de San Ignacio de Loyola, fechado en 1714, está dedicado al fundador de la Compañía de Jesús y a los santos Estanislao de Kostka y Luis Gonzaga. Su construcción fue posible gracias al mecenazgo de las familias Codelli y Lamberg.

El altar está decorado con columnas de mármol, un grupo escultórico de la Santísima Trinidad y dos ángeles que sostienen una inscripción en latín: «Quam sordet mihi tellus, dum caelum aspicio» (“¡Cuán despreciable me parece la tierra cuando contemplo el cielo”). Las esculturas fueron realizadas por Angelo Putti.

La pintura original del retablo fue obra de Giovanni Battista Bambini, aunque posteriormente fue reemplazada por otra del pintor Hauchka.

La primera misa celebrada en este altar tuvo lugar el domingo de Pentecostés, el 20 de mayo de 1714, fecha en la que también se introdujo la novena a San Ignacio.

Más sobre el altar ...

El Altar de San Ignacio de Loyola fue erigido en el año 1714. Su construcción fue posible gracias a la generosa donación de 1.000 florines de oro del barón Peter Anton Codelli y 300 florines de Adam Lamberg. En cuanto a su diseño arquitectónico, guarda relación con el Altar de la Asunción de la Virgen, situado en el lado norte del templo.

El altar está compuesto por un par de columnas lisas de mármol rosado, y presenta una arquitectura serena, con un entablamento moldurado y un remate con volutas. La mesa del altar (mensa), de forma prismática, está decorada con dos ángeles de pie y una rica ornamentación vegetal, en cuyo centro resalta una cartela con el monograma de Cristo: IHS.

Delante del retablo se hallan las esculturas de San Estanislao de Kostka y San Luis Gonzaga, realizadas por el escultor de Padua Angelo Putti. La rigidez de sus posturas indica que, al momento de erigirse el altar, ambos aún no habían sido canonizados; su canonización conjunta tuvo lugar en 1726. Por encima de las columnas, se apoyan dos ángeles que sostienen una cinta con la inscripción en latín: «Quam sordet mihi tellus, dum caelum aspicio» (“¡Cuán insignificante me parece la tierra cuando contemplo el cielo”).

En el ático del altar se encuentra un grupo escultórico que representa a la Santísima Trinidad: Dios Padre, Cristo y el Espíritu Santo en forma de paloma.

La pintura original del altar, dedicada a San Ignacio, fue obra del veneciano Niccolò Bambini, pero ya en 1732 fue reemplazada por la que se conserva actualmente, realizada por Johannes Veit Hauchka. San Ignacio aparece representado como sacerdote, con el monograma IHS en el pecho, arrodillado sobre una nube, y con las manos alzadas hacia el cielo. En el libro abierto ante él se lee el lema ignaciano: Ad maiorem Dei gloriam – “Para mayor gloria de Dios”.

El altar presenta también a dos de los santos jesuitas más importantes:

  • San Estanislao de Kostka (1550–1568), patrono de los jóvenes y estudiantes;
  • San Luis Gonzaga (1568–1591), quien falleció mientras cuidaba enfermos de peste.
    Ambos están representados con el hábito típico de la Compañía de Jesús, aunque sin los atributos tradicionales como el lirio, la cruz o el rosario.

Por primera vez, se elevó una oración ante este altar el domingo de Pentecostés, el 20 de mayo de 1714, día en que también se celebró la primera misa allí. Ese mismo año se instituyó en este lugar la novena en honor a San Ignacio.

Este altar no es solo una obra de arte, sino también un lugar de oración y memoria del santo que desempeñó un papel clave en la renovación católica del siglo XVI, dejando una huella perdurable también en Liubliana.

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